CAPITULO I
Odio mi vida –
decía una niña de tan solo 10 años de edad,
ojos tristes de color marrón, labios todos partidos, pelo
despeinado de color negro.
Lloraba
en un rincón de una habitación, se tapaba los ojos con
las manos, y las pocas veces que miraba hacía otros lados de
la habitación era para ver los sables y dagas de su cuarto.
Se le cruzaba una sola idea por la cabeza “El suicidio.”
Pero nuevamente volvía a llorar.
Detrás
de la puerta de su habitación se encontraba su madre y su
padre, ambos muy tristes por su hija. Ninguno de los dos sabía
que podía hacer, después de todo, lo hizo por una sola
razón.
¿Por qué?
– volvió a decir la niña, esta vez se levanto y
de apoco caminaba hacía su cama, pero se detuvo al ver algo.
Se vio
ella misma, en un reflejo del espejo, se quedo así durante
varios segundos o quizás minutos, pero parecían como si
de apoco algo la llevara cada vez más cerca de él.
Extendió
una mano y toco el espejo y sintió algo dentro de ella, se
sentía cansada, quizá triste, sus piernas comenzaron a
temblar y se desmayo, ahí, frente al espejo.
-¿Mamá,
Papá? – decía la niña con voz feliz, sus
padres le dieron un cálido abrazo, la niña se sintió
cómoda, alegre y protegida ante todo.
- Te
encontramos desmayada – decía una señora de pelo
morocho y ojos negros, vestida con un kimono de color azul marino.
- No
queremos que te sientas mal, Natasha, y lo sabes muy bien – un
hombre de pelo morocho, ojos marrones, y algunas cicatrices en los
brazos, vestido con un kimono de color crudo le daba un plato de
comida a su hija
Luego
de que la familia cenara tranquilamente, Natasha fue a su habitación.
Buenas noches
papá, buenas noches mamá – mientras a cada uno
le daba un beso en la mejilla, esto siempre pasaba todas las noches
en la casa.
Natasha
fue de apoco a su dormitorio, se sentó en la cama y luego dejo
caer su cuerpo en el cómodo colchón, luego de mirar sus
dagas, el cansancio la venció, y quedo totalmente dormida
¿Están
todos? – preguntó una mujer, alta, de ojos rojos, pelo
muy largo, vestida con un elegante vestido plateado, mientras se
sentaba en una silla, enfrente a ella, una mesa redonda.
Solamente falta…-
un hombre que vestía todo de negro, piel pálida y se
podía notar unos colmillos en su boca. Fue cortado por otra
persona
Faltaba yo,
hermana, lo siento – una niña, alta para su edad, ojos
de color cristal, pelo corto de color plateado, vestía un
vestido bastante largo de color blanco.
Ahora están
todos – la mujer otra vez hablo, mientras miraba al centro de
la mesa.
En la mesa se encontraban personas, aunque, realmente no lo eran,
había: un dragón con escamas negras y ojos rojos y
amarillos, una mujer llamada “La dama del agua” con su
largo pelo de color azabache vestida con un largo vestido blanco, el
vampiro con su ropa formal, la niña y su hermana la mujer.
Ahora –
volvió a decir la mujer, mientras sus dedos tocaban el medio
de la mesa.
En un
parpadeo ya no estaban ninguno de esas personas, solo habían
quedado las sillas donde anterior mente estaban sentados y la mesa
redonda con algunas inscripciones raras.
Una
chica de 13 años de edad, se levantaba aturdida, transpirada,
asustada, sin aire, seguramente había tenido una pesadilla,
como siempre.
La
chica se levanto y se miro al espejo, escogió su ropa y fue al
baño, tenía que ducharse, así podía tener
un cuerpo limpio y tranquilo.
Natasha, ¿ya
estas levantada? – decía su madre enfrente a la puerta
del baño de la casa.
Si, ahora voy a
comer-
Hice tallarines
con salsa, como a ti te gusta –
Gracias mamá
–
De nada hija –

un homenaje como se merece a este hombrazo, porque nos alegra la jornada cada vez que le miramos y, aunque aún no se estrenen ni 









